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LA LLEGENDA DEL LLIBRETER ASSASSÍ

Al larg dels anys 1920 al 1924 Artur Masriera va publicar a La Vanguardia una sèrie de col·laboracions sota el títol de De la Barcelona ochocentista. En un d'ells, el 12 de juny de 1923 parlava DE LA LLEGENDA DEL LLIBRETER ASSASSÍ... una història que té el seu escenari evocador al carrer del Consolat de Mar on hi ha una part del que van ser les voltes dels Encants i dels Pintors. Amb aquestes paraules ho explica:

<<Aunque el personaje y los hechos que se le atribuyen sean pura leyenda: como de la misma arranca la verdadera historia de la bibliofilia barcelonesa, hay que hacer el relato de lo que el vulgo creyó como verdad, para depurar ésta y estudiar aquélla. Además, desde el momento que la leyenda del librero asesino es objeto de estudioso comentario de parte de eruditos tan beneméritos como Ramón Miquel y Planas, quien acaba de leer en la Real Academia de Buenas Letras de esta ciudad una interesante monografía, estudiando el proceso de la invención del tenebroso personaje, es muy justo que nosotros recojamos el hecho y sus diversas derivaciones, que encajan perfectamente con los relatos más pintorescos e interesantes de la Barcelona ochocentista.

Empecemos por situarnos en el ambiente de época y localidad en que se suponen ocurridos la serie de crímenes que se atribuyen al librero asesino. Después de 1835 vino la exclaustración de los religiosos en toda España, y empieza la fabulosa conseja relatando cómo un monje de Poblet, llamado fray Vicente, ex bibliotecario de aquel cenobio cisterciense y muy inteligente en materias bibliográficas, debiendo abandonar su convento y biblioteca, refugióse, ya secularizado, en Barcelona, en donde, con mil privaciones y angustias, se procuraba toda clase de libros viejos, entre los que figuraban verdaderos tesoros y rarezas, y para su reventa abrió tienda en los antiguos y casi desaparecidos Arcos de los Encantes, frente a la casa Lonja

 

Tenía por vecino otro librero de viejo, llamado don Agustín Patxot, hombre versado en el negocio y que no vio con muy buenos ojos la aparición del nuevo rival en el mismo. El ex monje cisterciense, como conocía los rastros que debían guiarle hacia la fácil adquisición de aquellas rarezas bibliográficas que, procedentes de los extinguidos conventos, nadie como él sabía en qué manos estaban, pronto fue reputado por todos los bibliófilos como el mejor proveedor y el más inteligente de los mercaderes de libros. Contábanse maravillas de las obras raras que el nuevo tendero adquiría y vendía, y Patxot tuvo que resignarse a ver menguada su clientela y sus ingresos, ya qué casi todos sus clientes le abandonaban para ir a engrosar el número de los del ex monje de Poblet.

Así las cosas, éste se jactaba de poseer unas series de incunables manuscritos, documentos y códices tan raros, que representarían hoy una verdadera fortuna. Pero Vicente era algo más que un mercader de libros. Alentaba en él un espíritu de verdadero bibliófilo, que le hacía profesar un culto idolátrico al libro. Era un avaro del volumen por el volumen mismo, no viendo en él más que el valor de la rareza. Le ocurría que, al poseer un ejemplar rarísimo, para no desprenderse de él pedía precios exagerados, y si el comprador consentía y entregando el precio salía con el volumen, Vicente corría detrás de él, y, hasta llorando y suplicando, lo devolvía el dinero, pidiéndolo diese la venta por anulada. Algunas veces, si el comprador se hacía el reacio, le ofrecía mayor cantidad que la que él recibiera por la venta, y, si aún en estas condiciones el comprador no quería devolver el ejemplar, acudía al puñal, aprovechando la nocturnidad o la angostura de la calle. Y así se cuenta que en diversas ocasiones asesinó a un sabio alemán, a un sacerdote y a un literato, rescatando el libro y embolsándose el precio.

Sigue narrando la leyenda que todos estos crímenes iban quedando impunes, lo que en aquella época no deja de ser ya algo más verosímil. Pero todos vinieron a descubrirse por una verdadera providencia. Anuncióse una pública subasta (suponemos que en el extranjero) de varias rarezas bibliográficas, figurando entre ellas un ejemplar de los Furs e ordinacíons de Valencia, impresos por Palmart en 1482 que entonces se consideraba como el único conocido en todo el mundo. Tanto el librero Patxot como Vicente acudieron a la subasta, con ánimo de disputarse la adquisición de tal maravilla. El bibliómano de Poblet vendió a bajo precio casi todos los demás libros que tenía, recurrió a sus ahorros, pidió prestado, con tal de allegar una cantidad que le pudiese hacer dueño de aquel libro. La primera oferta fue de cincuenta reales, y los dos libreros rivales fueron pujando hasta llegar a una suma casi fabulosa, quedando al fin el libro adjudicado a Patxot, dejando a Vicente despechado y furioso.

Este, fuera de sí, maquinó una criminal represalia contra el triunfo de su rival. Dice Antonio Palau y Dolcet, en la introducción de su «Catálogo de libros de la Corona de Aragón» (Barcelona, 1915), que pocos días después de haber adquirido Patxot el codiciado ejemplar, Vicente se presentó de noche en el domicilio de su vecino, lo asesinó de una puñalada, hallándole dormido, se apoderó del libro y pegó fuego a la tienda. El crimen y el incendio promovieron grande indignación en Barcelona, y la justicia, conociendo las rivalidades que existían entre ambos libreros, buscó entre los escombros el ejemplar codiciado, y no hallándolo, practicó una indagatoria en casa de Vicente. Este, con sangre fría, negó toda participación en el crimen, e iba el juez a retirarse, cuando fijándose en un ejemplar del grande infolio: Directorium Inquisitorum, que Vicente tenía en la habitación, sacólo del estante, y de dentro del grueso volumen saltó otro más pequeño, que era el ejemplar de los Furs de Valencia, objeto de la pesquisa. Cogido en sus propias redes, Vicente cantó de plano, confesando su crimen.

Fue condenado a muerte. Durante su proceso, quiso el azar que se descubriesen otros ejemplares del libro de los Furs, y en vano el librero asesino vio y reconoció entonces la inutilidad de su crimen Y cuentan que, al ir al patíbulo, cuando el sacerdote le exhortaba al arrepentimiento, el librero sólo acertaba a responder:

—¡Y mi ejemplar no era el único!...

Todo esto constituye el relato legendario, que, históricamente, no goza de ningún valor ni crédito. El novelista francés Gustavo Flaubert fue el inventor de la patraña, relatándola en forma de cuento en 1835, cuando contaba solamente 15 años.

Más tarde, Julio Janin reprodujo y amplió el relato. Próspero Blanchemain fijó el 30 de octubre de 1836 como la fecha de la ejecución del librero asesino. Otros la fijaron en 1850. En las revistas francesas Le Livre (1879) y Toucheátout Í1908), en las italianas Bibliofilia, de Olschi, y en otra de Florencia de 1865, se trata del mismo hecho, fijándolo siempre en Barcelona. Todos estos datos son los que citan Miquel y Planas y Palau y Dolcet en sus respectivos trabajos, pero hay que aguardar que vea la luz pública el del primero, para que el lector curioso conozca y dé el Valor merecido a la leyenda barcelonesa del librero asesino.>>

ARTURO MASRIERA

JOSEP VILADOMAT, LA REPÚBLICA I FRANCO A CAVALL


Josep Viladomat és un cas curiós pel que fa als escultors que treballen a la ciutat ja que fa una obra dedicada a la República i, més tard, una altra dedicada a Franco, el dictador que la va aniquilar. El temps, que ho posa tot a lloc, ha fet que avui es conservi, modificada, la primera mentre que el dictador està amagada i lluny de la mirada del públic. 

La participació de Viladomat en el monument a la República, el 1936, suposa el darrer capítol d’una llarga història. S’havia iniciat el 1902 quan l’Ajuntament pren la decisió d’aixecar monuments a mossèn Cinto Verdaguer (inaugurat el 1924 a la Diagonal a passeig de sant Joan), el doctor Bartomeu Robert (inaugurat el 1910 a la plaça universitat) i Francesc Pi i Margall (a l'actual plaça de Joan carles I, a l'encreuament de Passeig de Gràcia amb Diagonal). Malgrat que el 1915 és posà la primera pedra d’un monument dissenyat per Miquel Blay la situació política no va permetre que el monument sigui realitat. Caldria esperar a la proclamació de la República per renovar la idea del monument, però sense seguir el projecte de Blay. Així, de forma provisional, es posa un bust del president Pi i Margall mentre es decidia que fer. Es pren la resolució d'alçar un obelisc coronat amb una al·legoria de la República i un medalló amb el retrat de Pi i Margall a la base. El concurs per triar les escultures es convoca a finals de 1932 i el guanyen Josep Viladomat per l'alegoria i Joan Pié pel medalló. La inauguració està prevista pel novembre de 1934, però els fets d’octubre d’aquell any la retarden fins a l’abril de 1936. El monument  donà lloc a divertits acudits, com anomenar a l’estàtua nua de Viladomat, Margarita Carvajal, una atractiva vedette de belles corbes, ja que, com ella, fent un joc de paraules, la estàtua de Viladomat “tenia gràcia al cul”. Malgrat aquestes simpaties populars l’any 1939 l’estàtua de Viladomat és eliminada  i en el seu lloc s'instal·la la que havia quedat segona en el concurs, obra de Frederic Marès i que ha ocupat la part baixa de l’obelisc fins l’any 2011. Com a nota curiosa, el 1940 es va coronar l’obelisc amb una àguila, fet que portà a la gent a rebatejar la plaça com a plaça del lloro fins que la derrota de l’Alemanya nazi en la segona guerra mondial va fer canviar les formes del govern franquista que des d’aleshores va deixar d’aixecar el braç.  



L’Ajuntament democràtic va voler recuperar la estàtua de Josep Viladomat que la dictadura havia fet retirar i va pensar que un bon lloc per col·locar-la era la plaça Llucmajor, formant part d’un conjunt dissenyat per l’Albert Viaplana i l’Elio Piñón. Una part del monument de la plaça Llucmajor, l’estàtua que simbolitza la república i el medalló del president Pi i Margall, formaven part del monument que l’abril del 1936 l’Ajuntament republicà inaugurava com a homenatge a la República i que l’entrada de les tropes franquistes a la ciutat va fer enretirar. Malgrat que les ordres eren de destruir-les, les peces havien estat guardades i amagades a un magatzem del carrer Wellington amb d’altres represaliades (el Doctor Robert ara a la plaça Tetuan, el Rafel Casanova del carrer Ali Bey amb Ronda de sant Pere, el Pau Claris junt a l’arc de Triomf i el Francesc Layret a la plaça Goya). Amb l’arribada de la democràcia totes les escultures van tornar als carrers excepte La República que no s’adeia amb un règim monàrquic per molt constitucional que fos. La república de Viladomat va canviar de magatzem i es van fer plans per ella, el més agosarat era col·locar-la al vestíbul de l’Ajuntament. Acabaria sortint del magatzem el juny de 1983 per anar a la capital en l’exposició "Catalunya dins l'Espanya moderna" i va tornar a ser guardada. Tornaria a sortir per ser exposada a la plaça Sóller i davant de la nova seu dels districte, per trobar definitivament el seu lloc a la plaça Llucmajor de Nou Barris on seria inaugurada un simbòlic 14 de juliol de 1990, commemoració de la presa de la Bastilla. 


Foto de Xavier Gómez publicada a La Vanguardia 15 novembre 2000

Pel que fa a l'estàtua de Franco, en plena dictadura, que com en qualsevol govern autoritari la propaganda és un tret fonamental, a la ciutat es van aixecar diversos monuments. Així van apareixent el reciclat monument a la Victòria que havia vist eliminada la imatge de Viladomat, substituïda per la de Marès el 1939, el dels Caiguts a la Diagonal (1951), l’abanderat "héroe de Espinosa de los Monteros" al carrer Numància (1955) o a el monòlit al general Moscardó junt al palau dels Esports (1959) però Franco, Caudillo y Generalísimo de los ejércitos, no tenia cap monument com sí que hi eren en moltes altres ciutats. Per solucionar aquesta manca, l’alcalde Porcioles va trobar que la cessió del castell de Montjuïc que el dictador havia fet a la ciutat era una bona excusa per retre-li, allà mateix, el reconeixement i lloança oportú. La feina havia de fer-la un escultor reputat i es va pensar en Viladomat, aquell que anys abans havia fet una estàtua en honor a la República. 



Com és que Viladomat va acceptar l’encàrrec i el 17 juny 1963 s’inaugurava, dins el pati del castell de Montjuíc, l’estàtua eqüestre de Franco? El mateix Viladomat, en una breu entrevista feta a la Vanguardia, el 8 de març de 1982 ho explicava així:   

"Yo iba con coche andorrano y me denunciaron. Y en aquella época, por una denuncia te enchampaban. Una noche, Brossa me invitó a cenar y al ir a recoger mi coche me esperaban dos guardias civiles de paisano. Me cogieron todos los documentos de Andorra y se quedaron el coche. Al día siguiente había que hacer el acta con un teniente que se llamaba Mula. (Ríe) Habían hecho un registro en mi casa... Me querían juzgar ¡por contrabando! Firmé unos papeles, recogí los documentos y me exilié por segunda vez. Poco después, Porcioles me hizo llamar para hacer el busto. Lo hice y gracias a eso salí con bien del juicio... por un documento del Ayuntamiento conforme tenía residencia andorrana...” 

Més informació, com sempre, és la que aporten l’estimat mestre Huertas Claveria i el seu inseparable Jaume Fabre quan expliquen: 

Viladomat vivia entre Andorra i Barcelona, i havia comprat un cotxe d’importació a un preu molt més avantatjós al petit principat. La única condició era que calia que el cotxe passés mig any com a mínim a Andorra. Viladomat no feia cas d’aquesta norma fins que un dia la guàrdia civil li va demanar els papers sent a Barcelona i en veure que feia temps que el cotxe hauria d’haver marxat a la seva altra residència, li va confiscar i el va guardar a la caserna del carrer de Sant Pau. Viladomat coneixia Porcioles i sabia quin càrrec tenia a Andorra (era jutge de pau) i, desesperat, li va demanar ajut. L’alcalde s’hi va comprometre, però li va pregar que l’ajudés en el seu problema escultòric. Viladomat, que era molt mal parlat, va deixar anar uns quants renecs, però s’hi va avenir i va fer una escultura de Franco a cavall, segons ell tan malament com va poder”. 

No obstant, sempre he pensat que malgrat tot, el fet de ser una estàtua eqüestre devia ser un repte per un escultor que havia tenia tanta admiració per l’escultura barroca. Sigui com sigui, Viladomat no va signar l’estàtua.

No seria la darrera intervenció propagandística del règim un any després, el 29 d’octubre de 1964 un alt monòlit de 18 m. d’alçada dedicat a Primo de Rivera, va ser inaugurat a l’aleshores anomenada Avinguda Infanta Carlota per commemorar els 30 anys de la fundació de la Falange.

Amb l’arribada de la democràcia el manteniment de les imatges de la dictadura va començar a ser posada en dubte. En aquest context, el maig de 1985, l’estàtua de Franco a Barcelona va ser pintada de rosa. Poc després, el maig del 1986 va ser portada dins el Museu Militar, i el 2001 el director la va deixar fora de la vista, es va dir a “un espai expositiu no visitable”. Allà no hi seria gaire temps ja que el 2008, en aplicació de la Llei de la Memòria Històrica és portada a un magatzem municipal a la Via Favencia, al barri de Canyelles, on l’acompanyen les altres col·legues. Esperem que no surtin d’allà per ocupar un espai a la via pública com ho ha fet finalment la de la República, que si ho fa sigui com la primera vegada que va sortir-hi per anar a parar a alguna exposició cosa complicada ja que quan el 1986 va passar a dins el museu se li va tallar una cama per poder entrar per una porta i, segons informava la premsa, a l’agost del 2013 algú va tallar-li el cap a l’estàtua.

"COSAS QUE PASAN. RUFIANES SOBRE EL ASFALTO"




Quan vaig llegir aquesta vella informació a la pàgina 14 de l’edició de La Vanguardia Española del 15 desembre 1951, em va venir a la ment El piropo, la fotografia del gran Xavier Miserachs. La imatge és de 1962, una dècada més tard del que explicava La Vanguardia. Potser la floreta que li diuen a la noia de la foto podia ser d'un dia de santa Llúcia.

“COSAS QUE PASAN. RUFIANES SOBRE EL ASFALTO"

"Barcelona es una ciudad cristiana y española y sus fiestas tienen un aire alegre y tradicional que se compagina muy bien con la sólida piedad y las buenas costumbres, ninguna de las cuales, repetimos, está reñida con la expansión honesta y cortés. Pero desde hace unos años, con agravación constante que ha llegado a un límite sencillamente intolerable, la festividad barcelonesa de Santa Lucía viene siendo desnaturalizada. Aprovechando que se trata de la festividad de las modistillas, que se lanzan en bandadas a la calle a divertirse lo suyo — de un modo algo afrancesado, reconozcámoslo— , salen a la superficie urbana bandadas nutridas de jovenzuelos, que- bajo el denominativo genérico y no siempre adecuado de «estudiantes» se dedican a perseguir, zaherir y atropellar en términos procaces a las jovencitas, anden sueltas o en compañía, sean modistas o no lo; sean y provoquen o no provoquen —que por lo general no los provocan — algazara y chicoleos.

"La «fiestecita», que va siendo un bochorno para la ciudad, un semillero de gestos y actitudes inciviles, un espectáculo que, recuerda las bacanales de la Roma pagana o la entrada, de las hordas bárbaras en una ciudad rabiosamente conquistada con espíritu de saqueo, se prepara con una o dos jornadas de antelación mediante tumultos y jaleos en los centros escolares, bajo la especie de que sean adelantadas las vacaciones escolares. ¡Qué más quieren los falsos estudiantes, los que solo ansían campar por sus respetos y, en suma, alterar el orden y hacerse, sin peligro, los amos de la calle!

"Pues no; la autoridad debe prevenir la no repetición del espectáculo nefando; y si se produce, debe cortarlo de raíz donde se produzca con indomable energía, con implacable mano dura. Que los cafres sean puestos a disposición de la autoridad correspondiente donde quiera que cometan el desmán y en el acto mismo de transgredir las normas más elementales de la civilidad y la convivencia, ya que ni siquiera son sensibles a la cortesía, a la galantería y, sobre todo y ante todo, al respeto que merecen las mujeres. Contra las mujeres no se puede atentar ni de palabra: mucho menos de obra, acosándolas tumultuosamente como si se tratara de piezas de caza- ¿No tienen esos incalificables sujetos madre, hermana o novia de quien acordarse en el momento en que proceden de forma tan baja y rufianesca”

UN CAMPIÓ OLÍMPIC

Barcelona, junt amb Atenes i Roma, és una ciutat olímpica tant en els jocs de l’antiguitat i com en els de l’era moderna. Barcelona va ser olímpica molt abans del 1992. Ho va ser fins i tot abans que, l’any 1896, el baró Pierre de Coubertain iniciés els Jocs Olímpics de l’era moderna. Un llunyà any 129, és a dir, 1734 anys abans de Coubertain i 1863 abans de Barcelona 92, la nostra ciutat es relacionava amb l’olimpisme.
Als 227 Jocs Olímpics de l’antiguitat, els que es celebraven a la ciutat grega d’Olímpia, hi va haver un guanyador barceloní: era el Luci Minici Natalis Quadroni Ver. Aquest pioner olímpic, que va viure entre l’any 97 i el 154, va guanyar una cursa de quadrigues.
D’aquest personatge tenim notícies gràcies a Frederic-Pau Verrié, un home savi que, entre altres coses, va dirigir el Museu d’Història de la Ciutat. Verrié, l’any 1972,  va anar a Olímpia per seguir el rastre del jove campió. Volia veure els vestigis del monument que el propi Luci Minici havia deixat a Olímpia com a testimoni del seu triomf. Així explicava aquell viatge a La Vanguardia, el 27 d’agost de 1972:

"Fue un bello viaje y una pequeña aventura. Primero Atenas, apenas entrevista. Luego un lento avanzar del tren hacia Pirgos bordeando, de Corinto hasta Patras, un golfo de aguas quietas que a lo largo del día fueron tomando todos los colores posibles del azul; bajo un cielo radiante y en una atmósfera saturada por el perfume de los naranjos y limoneros que descienden en suave pendiente hasta la orilla del mar. El país pobre que me esperaba hallar y la sorpresa de no divisar por ninguna parte las ruinas que me imaginaba ver surgir en cada uno de los lugares de nombre milenario; y ya de noche, Olimpia: un desgarbado lugar turístico que asciende lentamente hasta la colina tras la cual se esconde la maravilla del valle surcado por el Alfeo con el Altis sagrado en primer término, bajo una gran fronda de pinos; una colina en lo alto de la cual un pequeño Museo guarda los grandes tesoros hace menos de un siglo aún desconocidos (…)".
"Los días para mi búsqueda estaban contados y pasaba el tiempo. Pero en las ruinas, donde transcurrí el día, me sentía fuera de él, envuelto por una atmósfera sagrada.
Las piedras esparcidas entre hierbas y flores, el estilóbato de los grandes templos con apenas alguna columna erecta, bajo la copa de los grandes pinos, imponían a pesar del turismo que empezaba a hormiguear, la sensación revivida de lo que fue un gran templo al aire libre. El placentero descanso en la inquieta espera, empujaba la imaginación y la ayudaban los planos y guías y la lectura oportuna de Píndaro, (…) no dejaba de pensar en Minicius Natalis jr. y en su monumento (…)".
"En Olimpia había, por lo menos, trescientas o cuatrocientas inscripciones dispersas, algunas de ellas en piedras dejadas en el suelo o cerca del lugar de su hallazgo. Después de una mañana entera de búsqueda por entre las hierbas, agavillando flores para ver si tras ellas se escondía la inscripción histórica, (…) decidí volver al punto donde había sido hallada en el siglo pasado y empecé a buscar de nuevo. Y allí estaban: no dos sino tres. (…)
Dejaré de contar la carrera contra reloj —olímpica también y ésta ganada por mi— para lograr los materiales encargados a Atenas que no llegaron a tiempo y fue preciso ir a buscar personalmente, los permisos oficiales para manipular las piedras, las dificultades para hacerse entender de los obreros que habían de colaborar (…)".






Luci Minici va oferir al santuari el seu carro i va afegir-hi, a tamany natural, figures de bronze que representaven els quatre cavalls i l’auriga que el va dur a la victòria. D’aquell conjunt, descobert el 1878, només se'n conserva una part de les pedres superiors del podi on hi ha les marques de les potes dels cavalls, les rodes del carro i el peu de l’auriga. Vint anys més tard de les investigacions de Verrié, i gràcies al calc i la còpia que ell mateix va fer, aquests vestigis van ser reproduïts a la nostra ciutat, a la muntanya olímpica just davant de la seu de l'INEFC.

Relacionat amb la làpida hi ha aquest article del mestre: http://articulos-apunts.edittec.com/76/es/076_082-088PorES.pdf


 Al frontal hi ha una inscripció en grec que havia estat publicada el 1896:
L(ou kios) Minikios Natalis strategikos, olympiadi diakosioi eikosi epta armati teleio neikesas, anetheken to arma; Ypatos anthypatos Libyes, que significa: “El pretor Luci Minici Natal que a l’Olimpíada 227 va vèncer amb un carro complert, fa donació (al Santuari) del carro (guanyador) (Minici Natal ha estat) Cónsul i Procónsul de Líbia".


Hi ha tres làpides que fan referència al nostre campió. Sabem que va néixer a la nostra ciutat i que pertanyia a una important família, inscrit a la tribu Galeria. Va tenir importants càrrecs polítics. Entre altres títols en el seu cursus honorem el trobem com a pro-cònsol, a l’Àfrica, i com a pro-pretor a la regió de la Mísia inferior, situada voltant del Danubi (per les actuals Sèrbia i Bulgària).
Però si ens interessa saber quina va ser la relació amb la seva ciutat natal, l’epigrafia diu que va deixar, al seu testament, una bona aportació econòmica a disposició dels colonis Barcinonensibus  i que, abans, una casa de la seva propietat, potser on va néixer, va ser convertida en termes públiques amb “els seus porxos i la corresponent conducció d’aigua”, com diu una de les làpides. Aquesta casa convertida en termes està sota l’actual plaça de sant Miquel, darrera de l’Ajuntament. Allà hi hagué més tard l’església de Sant Miquel (d’on rep el nom la plaça) a l’interior de la qual sembla que es veien uns mosaics que van ser dibuixats d’aquesta manera:

 
Per això Verrié insinuava que Luci Minici Natalis podia ser un bon nom per la vella plaça on hi va haver una església i ara hi ha el polèmic monument als castellers. Els temps olímpics van fer l’honor, i com a passeig es recorda a qui va ser campió, que no medallista, com algú arribà a dir. El seu nom el porta la zona que s’obre entre l’estadi, el palau Sant Jordi i la plaça d’Europa.

TANCAMENT DE L'ESTADI DE LES CORTS PER XIULAR LA MARXA REIAL

El 14 de juny de 1925 al camp de les Corts es jugava un partit de futbol en homenatge a l'Orfeó Català. S'enfronten el Barça i el Júpiter. El resultat, 3 a 0 a favor dels culés, és el de menys. Està pensat que tot plegat sigui una gran festa. A l'acte es convida la banda musical d'un vaixell britànic ancorat al port com a animadora de la festa. La banda toca la marxa reial i rep una escandalosa xiulada per part dels aproximadament 12.000 espectadors que es transforma en aplaudiments quan sona el God save the Queen. La situació no queda aquí, les autoritats decideixen castigar al club d'una manera exemplar. Deu dies després de la xiulada, el capità general Milans del Bosch ordena el tancament del camp per sis mesos i l'exili del seu president acusat de separatista. El camp estarà clausurat només la meitat del temps previst i en Gamper podrà tornar però amb la condició que abandonés per sempre la presidència del club que ell havia creat. Segur que la represàlia pels xiulets estarien entre els motius que, anys després, van portar a Gamper a suïcidar-se.
La Vanguardia, dos dies després dels fets es feia ressò de la notícia: 



KEITH HARING PINTÀ AL RAVAL

Avui, 4 de maig del 2012, Keith Haring fa 54 anys encara que el 16 de febrer de 1990 la SIDA va acabar amb ell quan en tenia 32. Tipus peculiar aquest artista de grans ulleres, cabell escàs i gran somriure que va portar l'art del carrer a les galeries. A Barcelona va venir el 27 de febrer del 1989 i ens va deixar un dels seus treballs a la desapareguda plaça de Salvador Seguí en el Raval que deixava de ser el barri xino on regnaven la prostitució i l'heroïna. 

Així un informava la Vanguardia al dia següent:

Silencio es igual a muerte. Ése es el lema. Y Keith Haring, un joven pintor norteamericano con pinta de turista de mochila pero ya montado en el dólar y la fama, pasó ayer cinco horas gritando con pintura roja su Consigna: “Todos juntos podemos parar el sida” es el título del mural que dibujó en el corazón del distrito más marginal de una ciudad que vive la ilusión de la abundancia.
El muro de cemento armado que refuerza una de las fachadas de la plaza Salvador Seguí —entre las calles Sant Pau y Robadors— sirvió de soporte para la obra de Haring Un artista de 30 años capaz de pintar edificios escolares, las chaquetas de Madonna, el cuerpo de Grace Jones o murales para los grandes museos. Un chaval que hace tan sólo diez años “ensuciaba” el metro neoyorquino con “sprays” pero que una obra suya de tres por tres metros se cotizó en la última exposición a 90.000 dólares.
“Veinticinco por dos, cincuenta. Cincuenta por diez mil: ¡medio millón de dólares!”hace cuentas un vecino escéptico ante el mural. “No me lo puedo creer!”.
Keith, absorto en la textura del cemento en la que se aprecian restos de anteriores pintadas
(Cris ama a Pep), trabaja con seguridad y rapidez. Los trazos surgen de su pequeño pincel del 24 con el mango roto, que de cuando en cuando impregna con la pintura roja de medio envase de tetrabrik mientras un radiocasette portátil atruena “house music” y la curiosidad de los niños y vecinos del barrio, de la gente de la prensa de algún “beatiful people” arrope al artista.
‘Conozco muchas ciudades del mundo”, asegura Haring, mientras engancha un bocadillo durante un breve descanso, “pero Barcelona me fascinó desde el primer momento: tiene una
energía, una magia especial. Me gustaría vivir aquí”.
Miró, Gaudí y el Palau Robert —perfecto para las medidas de mis cuadros— constituyen tres alicientes en ese sentido para un artista comprometido con su tiempo —participó activamente en su país en las campañas contra el sida y el “crack”— y que considera que no existe soporte más noble para una obra de arte que los vagones del metro.
El mural, realizado de forma gratuita, pretende, según el artista, “sensibilizar a la gente para que adopte una actitud inteligente de cara a la protección contra el sida” pero es también el exponente de que los penosos recorridos burocráticos de la Administración municipal pueden evitarse.
Fíjense: Montse Guillén, gastrónoma que exportó el “pa amb tomàquet’ a Nueva York, reconoció a Keith en una exposición de Frederic Amat. A las dos de la mañana del viernes ,en un local nocturno, el artista acepte la propuesta. Al día siguiente se pide permiso al Ayuntamiento y veinticuatro horas más tarde la obra cobra cuerpo.
“Este mural inscribe dentro de un programa de prevención del sida que se desarrolla en Ciutat Vella”, explica Xavier Casas coordinador del distrito.
“Esto es una payasada que nos va a sacar los clientes”, se queja Hidalgo Tejada, propietario de un bar de la calle Robadors.
“Ya hace un año que he dejado de picarme. ¿Me darás una gorra?’, pide un mirón.
Mientras, los chavales del barrio leen el texto a medida que Keith Haring lo dibuja ”todos...
juntos podemos parar el sida”.
MANUEL DIAZ PRIETO

Les imatges que hi ha de Haring treballant són nombroses:

    ...    

El seu graffitti de la SIDA va desaparèixer amb la reforma de la zona, ara hi ha un jardí i la nova plaça acull la Filmoteca. El graffiti va ser calcat pel MACBA que el van instal·lar momentàniament a la paret mitjera  que tanca la plaça dels Àngels i
on ara hi ha el mosaic de Chillida

El mural fa 1,5 metres d'alt x 33 metres de llarg. Va ser fet amb pintura d'esmalt vermella.

El graffiti de Haring torna a ser al mur junt al MACBA des del 2014, quan es complien 25 anys des de que el va pintar.















Abans de que això pasés es sabia que un calc del graffitti era als magatzems MACBA, el mestre Huertas ho recollia a un dels seus Pasaje de los ciudadanos de la Vanguardia